We cannot be complacent in these troubled times. Today’s complacency is tomorrow’s captivity.

Samuel Rodriguez

As 21st-century Christ followers, we cannot deny that we live in difficult times—times of great moral relativism, cultural decadence, spiritual apathy and ecclesiastical lukewarm-ness. For many, the obituary of Bible-believing, Christ-centered Christianity seems poised to be written and published in the annals of history.

Yet, there exists one fundamental truth ready to thwart any and all premature burials of this powerful faith narrative: The gates of hell cannot, may not, shall not and will not prevail against the church of Jesus Christ. I stand convicted and convinced that our Christian faith, our Judeo-Christian values system, will not only survive these troubled times, but also thrive in them.

Parenthetically, while our Bible-based, Christ-centered values stand under unprecedented assault, the No. 1 problem confronting the church around the world may be the church’s willingness to sacrifice truth on the altar of political and cultural expediency, or its inability to elevate corresponding truth with love.

The prophetic prescription for these pathetic times resides in the children of the cross being committed to reconciling righteousness with justice, sanctification with service, holiness with humility, conviction with compassion, rhetoric with tone, and truth with love. This reconciliatory prescription stands captured in a simple two-word admonition: “Be light.”

Accordingly, it behooves us to ask, “What does it mean to ‘be light’?” How can you best define this idea? To “be light” can best be described as the nexus of the Christian message; it’s the place where we reconcile the optic of redemption with the metric of reconciliation. In function, it serves to replace angry evangelicalism with a loving, grace-filled presentation of the gospel message. In form, it elevates the idea that Christianity is not about what we attempt to impose, but what we propose—a personal relationship with God through the saving grace of Jesus Christ. In its essence, to “be light” reminds us that Christianity stands measured not by the variable of rhetorical eloquence, but by the constant of loving actions.

Correspondingly, in Matthew 5:14-16, our Lord and Savior uttered a powerful declaration exhorting us to shine the light of this loving truth:

You are the light of the world. A city that is set on a hill cannot be hidden. Nor do they light a lamp and put it under a basket, but on a lampstand, and it gives light to all who are in the house. Let your light so shine before men, that they may see your good works and glorify your Father in heaven.

Our prophetic light requires an unshakeable stand. This Christ-rendered exhortation compels us to embrace the transcendent and transformational reality that we may have “light,” but it may very well be hidden under the bowl of anger, complacency, apathy or religious exuberance. Further, the implicit yet convicting narrative reveals that the “light” is only as good as where it stands.

If we are to “be light,” then we must remove all vestiges of contention, bitterness, apathy, complacency and anger while we shine on the stand of God’s Word, projecting grace. For this we know for certain: As we stand on love and elevate biblical truth, the beauty of Christ will shine—beauty incarnate indeed! Then and only then can we proceed with the unbridled certainty of this physical and spiritual undeniable fact: When light stands next to darkness, light always wins.

In conclusion, while religion requires us to get rid of darkness in order to prompt the light to shine, the life, death and resurrection of Jesus conveys the very opposite. Be light, and darkness will flee. For we stand empowered by God’s Spirit to “be holy,” “be one” and “be light.” Then and only then can we change the world. Be light!

Prayer Points

  1. I pray that you shake off and permit God to remove everything that life and the enemy of righteousness has placed on you to hide your light.
  2. I pray that the light of God’s grace, truth and love permeates every vestige of your life, family, ministry and community, making you the greatest blessing to everyone you know. 
  3. I pray that you be filled with God’s Spirit, and that the light of Christ in you will shine, revealing the hope of glory: Christ, our Lord.

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¡Seamos Luz!

No podemos ser complacientes en estos tiempos difíciles. La complacencia de hoy es la cautividad de mañana. 

Samuel Rodriguez

Como seguidores de Cristo en el Siglo 21 no podemos negar que vivimos en tiempos difíciles—tiempos de gran relativismo moral, decadencia cultural, apatía espiritual e indiferencia eclesiástica. Para muchos, el obituario del cristianismo Cristocéntrico que cree en la Biblia está listo a escribirse y publicarse en los anales de la historia.

Sin embargo, existe una verdad fundamental lista para frustrar cualquier y todo entierro prematuro de esta potente narrativa de la fe: las puertas del infierno no pueden, no pudieran,  no deberán y no prevalecerán contra la iglesia de Jesucristo. Tengo la firme convicción y estoy convencido de que nuestra fe cristiana, nuestro sistema de valores judeo-cristiano, no solo sobrevivirá estos tiempos difíciles sino que florecerá en ellos.

Entre paréntesis, mientras que nuestros valores Cristocéntricos y bíblicos enfrentan ataques sin precendentes, el problema número uno enfrentando a la iglesia alrededor del mundo es su disposición a sacrificar la verdad en el altar de la conveniencia política y cultural, o su inhabilidad de exaltar la verdad correspondiente con amor.

La prescripción profética para estos tiempos patéticos reside en el compromiso de los hijos de la cruz a reconciliar la rectitud con la justicia, la santificación con el servicio, la santidad con la humildad, la convicción con la compasión, la retórica con el tono y la verdad con el amor. Esta prescripción reconciliadora queda encapsulada en una simple amonestación de dos palabras: “Seamos luz”.

Por consiguiente, nos corresponde preguntar: "¿Qué significa 'ser luz'?" ¿Cómo se puede definir esta idea de la mejor manera? El “ser luz” es mejor descrito como el nexo del mensaje Cristiano; es el lugar en donde reconciliamos la óptica de la redención con la métrica de la reconciliación. En su función, sirve para reemplazar un evangelicalismo enojado con una presentación del mensaje del evangelio llena de amor y gracia. En su forma, eleva la idea de que el cristianismo no se trata de lo que intentamos imponer sino lo que proponemos—una relación personal con Dios mediante la gracia salvadora de Jesucristo. En su esencia, el “ser luz” nos recuerda que el cristianismo no es medido no por la variable de una retórica elocuente sino por la constante de acciones llenas de amor.

Correspondientemente, en Mateo 5:14-16, nuestro Señor y Salvado, pronunció una declaración poderosa exhortándonos a brillar la luz de esta verdad llena de amor:

"Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (RV60).

Nuestra luz profética requiere de una postura firme. Esta exhortación dada por Cristo nos obliga a aceptar la realidad transcendente y transformadora de que puede que tengamos “luz” pero bien pudiera estar escondida bajo el tazón del enojo, la complacencia, la apatía o la exuberancia religiosa. Además, la implícita pero convincente narrativa nos revela que la “luz” es solo tan buena como el lugar en que esta colocada.

Si hemos de “ser luz” entonces tenemos que remover todo vestigio de contención, amargura, apatía, complacencia e ira, mientras brillamos en la plataforma de la palabra de Dios proyectando la gracia. Porque esto sabemos por cierto: en lo que permanecemos en amor y elevamos la verdad bíblica, la hermosura de Cristo brillará—¡ciertamente una belleza encarnada! Entonces y solo entonces podemos proceder con la certeza sin limitaciones de este hecho innegable, tanto físico como espiritual: Cuando la luz se posiciona junto a la oscuridad, la luz siempre gana.

En conclusión, mientras que la religión requiere que eliminemos la oscuridad para provocar que la luz brille, la vida, muerte y resurrección de Jesús comunica todo lo contrario. Seamos luz, y la oscuridad huirá. Porque permanecemos empoderados por el Espíritu de Dios para “ser santos”, “ser uno” y “ser luz”. Entonces y solo entonces podremos cambiar el mundo. ¡Seamos luz!

Puntos de Oración

  1. Oro para que te sacudas y permitas que Dios quite todo aquello que la vida y el enemigo de la justicia haya puesto en ti para ocultar tu luz. 
  2. Oro para que la luz de la gracia, verdad y amor de Dios impregne cada vestigio de tu vida, familia, ministerio y comunidad, convirtiéndote en la mayor bendición para todos los que conoces.
  3. Oro para que seas lleno del Espíritu de Dios, y que la luz de Cristo en ti brille, revelando la esperanza de gloria: a Cristo, nuestro Señor.

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