Early on in my ministry, a woman came to our church seeking deliverance from evil spirits that were continuously tormenting her.

Juan M. Vallejo

We did not have much experience praying for people to be delivered from demons, but we had seen it done a couple of times, and we knew there was power in the name of Jesus. Before proceeding with prayer, we asked her a few questions about her life; that is when she informed us that she was a martial arts expert. She expressed concern that she would hurt us because the spirits would cause her to act out violently. Need I say that I also became concerned?

Even though we knew that He who is in us is greater then he who is in the world, we proceeded with caution by gathering a group together, and then began to pray and to command the spirits to leave. As expected, the woman began to act out with violence and, at one moment, lunged forward at my throat with her mouth open and actually bit through a gold chain I was wearing. Let me pause to confess it was my favorite chain, and I did get upset that she had bitten right through it. We continued praying for her with no apparent breakthrough. When she acted up and yelled, we would raise our voices louder, commanding the spirits to leave in Jesus name.

This struggle went on for quite a while. When we took a break to rest, I heard the Holy Spirit whisper to me, “Hug her.” What? I questioned. Did you see what she did to my chain? What do think she will do to me if I hug her? Fear wanted to take hold of my heart, but the voice of God continued firmly, “Hug her.”

So, when we gathered again to pray, I told everyone to step aside. I walked up to her, looked into her eyes, extended my arms and, with the overwhelming love of God that came over me, hugged her. She immediately shrieked the loudest shriek I had ever heard and then began crying profusely. As she wept in my arms, she was completely delivered. The love of God had set her free.

That day I learned a lesson about the power of His love. Until the love of God grips our hearts and permeates who we are and what we do, we are powerless to make an impact in the lives of others. When we learn to love as Christ loves, we will see His power flow through us like never before into a world desperate for Him.

Prayer Points

  • Pray that the Love of God will fill our hearts to overflowing.

“Now may the Lord direct your hearts into the love of God and into the patience of Christ” (2 Thess. 3:5, NKJV).

  • Pray against the spirit of fear, which is the direct opposite of love.

“For God has not given us a spirit of fear, but of power and of love and of a sound mind” (2 Tim. 1:7, NKJV).


El Poder de Su Amor

Temprano en mi ministerio, una mujer vino a nuestra iglesia buscando liberación de malos espíritus que estaban atormentándola continuamente.

Juan M. Vallejo

No teníamos mucha experiencia orando por personas para ser liberadas de malos espíritus, pero lo habíamos visto hacer unas pocas veces y sabíamos que había poder en el nombre de Jesús. Antes de proseguir con oración, le hicimos algunas preguntas sobre su vida; eso fue cuando nos informó que ella era una experta en las artes marciales. Expresó preocupación de que nos dañaría porque los espíritus le provocaban que actuara violentamente. ¿Necesito decir que yo también me preocupé?

Aunque sabíamos que Él que está en nosotros es más grande que él que está en el mundo, proseguimos con precaución a reunir un grupo y entonces comenzamos a orar y a ordenar a los espíritus a que se fueran. Tal como esperábamos, la mujer comenzó a actuar con violencia y, en un momento, se lanzó hacía mi garganta con su boca abierta y de una sola mordida partió en dos una cadena de oro que yo traía puesta. Déjame hacer una pausa para confesar que era mi cadena favorita y sí, me enojé de que ella la había partido en dos con un mordida. Continuamos orando por ella sin ningún avance aparente. Cuando ella se violentaba y gritaba, nosotros alzábamos nuestras voces mas alto, ordenando a los espíritus que se fueran en el nombre de Jesús.

Esta lucha continuó por un buen rato. Cuando tomamos un receso para descansar, escuché al Espíritu Santo susurrarme, “Abrázala.” ¿Qué? Pregunté. ¿Viste lo que ella hizo a mi cadena? ¿Qué piensas que me hará a mi si yo la abrazo? El temor quería apoderarse de mi corazón, pero la voz de Dios continuaba firmemente, “Abrázala.”

Por lo tanto, cuando nos reunimos otra vez a orar, le dije a todos que se apartaran. Caminé hacía ella, le mire a los ojos, extendí mis brazos y, con el amor abrumador de Dios que vino sobre mi, la abracé. Ella inmediatamente chilló el chillido mas fuerte que yo jamás había escuchado y comenzó a llorar profusamente. Mientras ella lloraba en mis brazos, ella fue completamente liberada. El amor de Dios la había puesto en libertad.

Ese día aprendí una lección sobre el poder de Su amor. Hasta que el amor de Dios sujete nuestros corazones e impregne quienes somos y lo que hacemos, somos incapaces de hacer un impacto en las vidas de los demás. Cuando aprendamos a amar como Cristo ama, vamos a ver Su poder fluir a través de nosotros como nunca antes hacía un mundo desesperado por Él.

Puntos de Oración

  • Ore que el Amor de Dios llene nuestros corazones hasta desbordarse.

“Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo” (Tesalonicenses 3:5, RV60).

  • Ore en contra del espíritu de temor, que es directamente lo opuesto del amor.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de domino proprio” (2 Timoteo 1:7, RV60).

Por: Juan M. Vallejo es el supervisor del Distrito Hispano del Suroeste de La Iglesia Cuadrangular.