God’s math makes no sense in our human realm. Its rules only work in His dominion. If we are serious about God’s kingdom coming to our communities, then we must be willing to let go of what our first grade math teacher told us and engrave in our hearts a radically different concept: In God’s kingdom, multiplication is about subtraction.

Fernando Castillo

In order to have alignment in our missional effectiveness in our movement, we use the term “church multiplication.” We have the best of intentions to grow, but we usually miss our targets because we think about multiplication as incremental growth, not as exponential growth.

Churches want to multiply like rabbits, but our growth rate parallels panda bears: We are endangered. Addition may be appealing, but it is not the most effective solution. We must embrace with fierce passion the first assignment God gave us: “Be fruitful and multiply!” Multiplication is about subtraction.

After being involved in several models of church plants in the past 14 years, I have seen that genuine multiplication is about some subtraction, about decreasing, about letting something go. I’ve seen how multiplication is the result of letting go of resources, or money, or people, or leaders or all the above. We must be willing to let go of our own plans, our comfort and even our pride.

I also realize that if we have a hard time letting go, it’s usually because we fear we will not have enough for ourselves. We forget that our heavenly Father set the example—He gave up His most precious treasure so the entire human race could have a chance to receive His grace.

A mindset of scarcity will prompt us to gather and build our castles. But a mindset of God’s kingdom will motivate us to give ourselves away unafraid because we completely trust in God’s provision.

Some of the most kingdom-minded people I know are experts in subtraction. They love their cities and communities, and they know they alone cannot reach everyone. So they put their egos aside and warmly welcome new churches when they come to their turf. They are not concerned if a new church moves across the street, or if a former pastor in their congregation is starting a new church a mile away next week.

They take risks and share their facilities with other congregations so that many more people in their communities can be reached. They don’t care if their brand recognition decreases so other brands of church increase. They do not become resentful when people in their congregations leave to support another church. They give themselves away cheerfully, they blow themselves away, they subtract.

If we want to multiply and see revival, we must be willing to give something away and subtract. We must encourage one another constantly to embrace the realities and laws of subtraction in God’s kingdom. In order to gain, we let go. In order to increase, we decrease. In order to multiply, we subtract.

Let me encourage you: Be willing to raise up and let go of your best leaders; God will raise greater ones to come and serve alongside you. Be willing to give away financial resources to plant churches; God will replenish your coffers with greater abundance.

As you decrease, God’s kingdom will increase. Let’s become kingdom-minded people who are unafraid of decreasing and letting go. That’s God’s way. Multiplication, a.k.a. revival, is about subtraction.


La Multiplicación Tiene Que Ver Con La Resta

La matemática de Dios no tiene sentido en el ámbito humano pues sus reglas solo funcionan en Su dominio. Si tomamos en serio el llevar el reino de Dios a nuestras comunidades, entonces necesitamos estar dispuestos a abandonar lo que nuestro maestro del primer grado nos enseñó y grabar en nuestros corazones un concepto radicalmente diferente: En el reino de Dios, la multiplicación tiene que ver con la resta. 

Fernando Castillo

Para poder tener alineamiento en nuestra efectividad misional en nuestro movimiento, usamos el término “multiplicación de la iglesia”. Tenemos la mejor de las intenciones de crecer, pero generalmente fallamos en nuestras metas porque consideramos la multiplicación como crecimiento gradual y no como crecimiento exponencial.

Las iglesias se quieren multiplicar como conejos, pero nuestro nivel de crecimiento se parece más al de los osos panda: Estamos en peligro de extinción. La adición puede ser atractiva, pero no es la solución más efectiva. Necesitamos acoger con pasión intensa la primera tarea que Dios nos dio: “¡Fructificad y multiplicaos!” La multiplicación tiene que ver con la resta. 

Tras haber estado involucrado con muchos modelos de plantación de iglesias en los últimos 14 años, he visto que la auténtica  multiplicación tiene que ver con un poco de resta, con disminuir, con soltar algo. He visto cómo la multiplicación ha sido el resultado de soltar recursos, o dinero, o personas, o líderes, o todo lo anteriormente mencionado. Tenemos que estar dispuestos a abandonar nuestros propios planes, nuestra comodidad y aun nuestro orgullo.

También me he dado cuenta de que si nos cuesta soltar cosas, es generalmente porque tememos no tener lo suficiente para nosotros mismos. Se nos olvida que nuestro Padre celestial estableció el ejemplo – Él dio su más precioso tesoro para que la humanidad entera tuviera la oportunidad de recibir Su gracia.

Una mentalidad de escasez nos impulsará a recoger y a edificar nuestros castillos. Pero una mentalidad del reino de Dios nos motivará a entregarnos a nosotros mismos sin temor porque confiamos plenamente en la provisión de Dios.

Algunas de las personas más apegadas a la mentalidad del reino de Dios que conozco, son expertos en la resta. Aman sus ciudades y comunidades y saben que ellos solos no pueden alcanzarlos a todos. Ponen sus egos a un lado y acogen cálidamente a las nuevas iglesias cuando llegan a su área. No se preocupan si una nueva iglesia se muda al otro lado de la calle, o si un anterior pastor de su congregación empezará una nueva iglesia a una milla de ellos la próxima semana.

Toman riesgos y comparten sus instalaciones con otras congregaciones para que así muchas más personas en su comunidad puedan ser alcanzadas. No les importa que su marca eclesiástica mengüe para que otras marcas crezcan. No se resienten cuando miembros de su congregación se van para apoyar a otra iglesia. Se entregan a sí mismos con gozo, enloquecen por ello, ellos restan. 

Si queremos multiplicarnos y ver un avivamiento debemos estar dispuestos a dar algo y a restar. Debemos alentarnos uno al otro constantemente a abrazar las realidades y leyes de la resta en el reino de Dios. Para poder avanzar, tenemos que soltar. Para poder crecer, tenemos que menguar. Para poder multiplicar, tenemos que restar. 

Permítame alentarlo: Esté dispuesto a preparar y a soltar a sus mejores líderes; Dios levantará aún mayores líderes para que vengan y sirvan a su lado. Esté dispuesto a dejar ir sus recursos financieros para plantar iglesias; Dios rellenará sus arcas con mayor abundancia.

En lo que usted mengua, el reino de Dios crecerá. Convirtámonos en gente con mentalidad del reino que  no teme menguar y soltar. Esa es la manera de Dios. La multiplicación, también conocida como avivamiento, tiene que ver con la resta.