I remember the time when a group of Mennonites came to Mexico asking for some land to work and settle.

Humberto Paz

The government gave them the worst land in the community—a land full of stones, brush and hard soil—that no one wanted. After months of hard, persistent and consistent work, the Mennonites cleared the brush, and the land became very productive. Afterward, everyone in the community wanted the land back.

Luke 8:1 says that Jesus went to the cities and villages taking the Good News, and the disciples went with Him. In following Jesus, the 12 were going to experience something they had never experienced, heard or seen before. This was the process of their learning and growing in the knowledge of Jesus—knowledge of His heart, love and compassion. This would help them years later when they faced the challenges being followers of Jesus brought.

A few verses later, Luke 8:5-8, Jesus told the parable of the sower and the seed that fell on all kinds of soil without discrimination. Predictably, the condition of the soil determined the fruit it gave. The question is what to do with soil that is not ready to give fruit. Should we ignore it, abandon it and reject it? Or should we work it, soften the soil, remove the stones, remove the thorns and prepare it so that it can receive the seeds and bear fruit? Any farmer would try to develop as much of his land as possible to be productive, and would work hard to make it fruitful.

God is committed to work in our lives to make us fruitful. Personally, I know there have been areas in my life that have not produced the desired fruit. God has not given up on me, nor has He rejected, ignored or abandoned me. He continues to work in my life to bear the fruit He wants in me.

Like Jesus, we are messengers of hope to people in areas He has sent us to spread the seed of the gospel. This includes our communities and the parts of the world where the seed of the gospel has not yet produced the desired fruit. We must allow the Holy Spirit to guide us to prepare our assigned field, share Jesus and see God make the field fruitful.

Prayer Points

  • Pray for laborers—including ourselves—to go into the cities and around the world taking the Good News of the kingdom of God.
  • Pray for the Holy Spirit to give us the strategies we need for Him to be able to produce that fruit.
  • Pray that we will not be discouraged or give up on people in areas where they are not yet responding to the gospel of Jesus.

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Mensajeros de Esperanza

Recuerdo la vez cuando un grupo de menonitas llegó a México pidiendo un terreno para trabajar y establecerse.

Humberto Paz

El gobierno les dio el peor terreno en la comunidad – uno lleno de piedras, maleza y suelo rocoso – que nadie quería. Tras meses de trabajo arduo, persistente y consistente, los menonitas limpiaron la maleza y la tierra se hizo muy productiva. Después, todos en la comunidad querían el terreno de vuelta.

Lucas 8:1 dice que Jesús fue a las ciudades y a las aldeas llevando las Buenas Nuevas y que los discípulos le acompañaron. Al seguir a Jesús, los 12 iban a experimentar algo que nunca antes habían experimentado, oído o visto. Este fue el proceso de su aprendizaje y crecimiento en el conocimiento de Jesús – conocimiento de su corazón, amor y compasión. Años después esto les ayudaría cuando enfrentaron los desafíos que traían al ser seguidores de Jesús.

Unos versos después, en Lucas 8:5-8, Jesús contó la parábola del sembrador y la semilla que cayó en todo tipo de suelo sin discriminar. Como fue de esperar, la condición del suelo determinó el fruto que dio. La pregunta es qué hacer con la tierra que no está lista para que diera fruto. ¿Deberemos ignorarlo, abandonarlo o rechazarlo? ¿O deberíamos trabajarlo, ablandar la tierra, remover las piedras, remover las espinas y prepararla para que pueda recibir las semillas y dé fruto. Cualquier granjero trataría de desarrollar tanto de su terreno como le fuese posible para ser productivo y trabajaría arduamente para hacerlo dar fruto.

Dios está comprometido a trabajar en nuestras vidas para que demos fruto. Personalmente, sé que ha habido áreas en mi vida que no han producido el fruto deseado. Dios no se ha dado por vencido conmigo ni me ha rechazado, ignorado o abandonado. Continúa trabajando en mi vida para que yo dé el fruto que él desea en mí.

Como Jesús, somos mensajeros de esperanza para la gente  en áreas donde él nos ha enviado a esparcir la semilla del evangelio. Esto incluye nuestras comunidades y las partes del mundo en donde la semilla del evangelio aún no ha producido el fruto deseado. Necesitamos permitir al Espíritu Santo guiarnos a preparar nuestros campos asignados, compartir a Jesús y ver a Dios hacer que el campo dé fruto.

Puntos de Oración 

  • Ore por obreros—incluyéndonos a nosotros mismos – para ir a las ciudades y alrededor del mundo llevando las Buenas Nuevas del reino de Dios.
  • Ore que el Espíritu Santo nos dé las estrategias que necesitamos para que él pueda producir ese fruto.
  • Ore que no seamos desanimados o dar por perdida a la gente en áreas en donde todavía no han respondido al evangelio de Jesús.

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