God continues to be the God of history. He never raises up a people, or takes them from one place to another, unless He has a redemptive purpose aligned to His mission to bless all the families of the earth with salvation and eternal life.

Daniel Prieto

In the past 500 years, God has developed Latin American peoples composed of immigrants of European, Asian, African and Middle Eastern descent that have “blended” with indigenous peoples, the natives of these lands. In other words, we Latin Americans are not just brown, as we are often called. We are white, yellow, red, black—we come in all colors.

Moreover, throughout the entire continent, we have retained certain cultural aspects of other countries from our native ancestors. And, if that isn’t enough, we don’t just eat burritos; our cultural diet also includes steamed rice, puree, steak, falafel, and the list goes on.

Not only that, God has also emigrated millions of Latin Americans to the United States, a country made for missions. He’s done this for the purpose of mobilizing His generations to the nations, to the unreached villages, where they encounter a certain particularity; they don’t deal with major prejudicial barriers or cultural barriers with these nations because they have much in common, whether it be in appearance or customs.

The next Hispanic generations should be formed in such a way that they will embrace their purpose within the missional and redemptive plan for their generations. They should also understand their place in history and how their cultural diversity, physical appearance and ability to speak two or more languages has made them extremely valuable as individuals, and as a generation, to extend the kingdom and mission of God.

Our pastors and Hispanic parents should shoulder our responsibility to raise up our children, kids and youth as ministers and leaders of the kingdom of God that will be positioned in every sphere of influence in society, in this country and in other countries, and for other peoples.

I suggest a few practical actions we need to consider as pastors and fathers as we lead other generations:

  • Believe in your children and youth, and in their generation. Understand who they are as a generation in God’s missional plan. Take the time to think, research and pray for God to show you His plan for your children and the youth in your church.
  • Stop being monocultural and monolingual. We need to lead our children, as they immerse themselves in their world, and enable them to live out the eternal and missional purpose of God for this generation.
  • Listen to your children, kids and youth, to empower them. Spend less time talking at them, and get together periodically to hear them out; give them the liberty to be who they are and do what they feel they need to do.
  • Raise the awareness of your children, kids and youth about God’s design and purpose for their generation. Help them understand how speaking more than one language and interacting with more than one culture is a blessing and a gift from God, for them as individuals as well as for their generation.
  • Disciple your children, kids and youth, to send them where God calls them. Train them up to be ministers and church leaders as well as societal leaders, leading them where God has called them.

Diseñados Para La Misión De Dios

Dios todavía sigue siendo el Dios de la historia. Dios nunca forma un pueblo ni lo mueve de un lugar a otro sin que tenga un propósito redentor que está alineado con su misión de bendecir todas las familias de la tierra con salvación y vida eterna.

En los últimos 500 años, Dios se dio a la tarea de formar a los latinoamericanos como un pueblo de descendientes de inmigrantes europeos, asiáticos, africanos y del medio oriente que se han “mezclado” con los pueblos indígenas, nativos de estas tierras. Es decir, los latinoamericanos no somos marrones como suelen referirse a nosotros, somos blancos, amarillos, rojos, negros, dicho de otra manera, somos todos los colores.

Además, en todo el continente conservamos aspectos culturales de las naciones o pueblos de origen de nuestros antepasados. Como si eso fuera poco, no comemos sólo burritos, nuestra dieta cultural incluye también “steamed rice”, puré, bistec, falafel y la lista continúa.

No solamente eso, Dios también ha emigrado a millones de latinoamericanos a los Estados Unidos, una nación diseñada para las misiones. Lo ha hecho con el propósito de movilizar a sus generaciones a las naciones y a los pueblos no alcanzados, con los cuales encuentran una particularidad, no tienen mayores barreras de prejuicios o barreras culturales con estas naciones, porque tienen muchas cosas en común, desde la apariencia hasta las costumbres.

Las siguientes generaciones hispanas deberían ser formadas de tal manera que abrazan su propósito dentro del plan misional y redentor para su generación. Incluso deben entender su lugar en la historia y cómo su diversidad cultural, apariencia física y la habilidad de hablar dos o más idiomas los hace tremendamente valiosos como individuos y como generación para extender el reino y la misión de Dios.

Los pastores y los padres hispanos debemos asumir nuestra responsabilidad de formar a nuestros hijos, nuestros niños y jóvenes, como ministros y líderes del reino de Dios que van a estar posicionados en todas las esferas de influencia de la sociedad, en esta nación y en otras naciones y pueblos.

Sugiero algunas acciones prácticas a tener en cuenta como pastores y como padres al liderar las siguientes generaciones:

  • Crea en sus hijos, sus niños y jóvenes, y en sus generaciones. Entienda quienes son como generación en el plan misional de Dios. Tome tiempo para pensar, investigar y orar, así Dios le mostrará cuál es Su plan para sus hijos y para los jóvenes de su iglesia.
  • Decida dejar de ser monocultural y monolingüe (si es que se ha quedado estacionado allí). Debemos liderar a nuestros hijos desde la inmersión y encarnarnos en el mundo de ellos para poder habilitarlos al propósito eterno y misional de Dios en su generación.
  • Escuche a sus hijos, sus niños y jóvenes, para empoderarlos. Pase menos tiempo hablándoles y reúnase con ellos periódicamente para escucharlos y darles la libertad de ser y hacer lo que ellos son y lo que ellos sienten que tienen que hacer.
  • Concientice a sus hijos, sus niños y jóvenes, sobre el diseño y el propósito de dios para su generación. Ayúdeles a entender como el hablar más de un idioma y crecer interaccionando con más de una cultura es una bendición y un don de Dios para ellos como personas y como generación.
  • Discipule a sus hijos, sus niños y jóvenes, para enviarlos donde dios los llame. Fórmelos para ser ministros y líderes de la iglesia y en la sociedad, encaminándolos hacia donde Dios les esté llamando.