The following is a part of our weekly devotional series, which is a companion to the 2013 Foursquare Life Journal. This week’s Bible reading comes from Ps. 70, 143-144; Jer. 50-52; Ezek. 1-16; 3 John 1; and Rev. 1-6. Today's devotional is also available in Spanish.

“I know your deeds.” This is the expression with which the Lord Jesus began the letters He wrote to the “angels” of each of the churches in Revelation 2-3. If the Lord wrote a letter today to pastors and local churches, I believe He would begin in the same way. “I know your deeds.” This means that our deeds are important to God—because our deeds express our character and our commitment as ministers and as a church. Our deeds are what will complete the Great Commission to preach the gospel, making disciples of all nations. 

As a pastor, I serve every day knowing that God is paying attention to what I do. Because of this, I also pay close attention to what I do, knowing what He wants and expects of me and my work, and always looking to have my deeds celebrated and approved by Him. 

These days, we tend to pay attention to those of us who are successful in ministry, and we want them to tell us what they do to get results. This is not wrong, but it is very important that the things we hear and the things that are suggested to us be put into balance, measuring them with what the Lord Jesus says.

Let’s begin with acknowledging that Jesus celebrates when His ministers and His church do their work with patience, perseverance, effort, faithfulness, love, faith and a spirit of service, even in the midst of suffering. True followers increase the amount of work they do even in the midst of trials, material poverty or little strength.

But it is also important to understand that the Lord Jesus Christ warns us that in the midst of our “doing,” we should not lose sight of our “being”—our true identity in God. As we fulfill the Great Commission, we must always manifest:

  1. The fruit of the Holy Spirit, that is, God’s love in us. As we take the gospel to the ends of the earth, we must maintain our first love.
  2. The character of the Holy Spirit—that is, the holiness of God in us. In the task of making disciples, we must not be lenient with those doctrines that cultivate a lifestyle that displeases God and that go against the life of holiness. 
  3. The life of the Holy Spirit, which is the fullness of God in us. As bearers of abundant and eternal life, believers should not get trapped in the hypocrisy of nominalism, projecting an image of life when we are actually dead inside.
  4. The ministry of the Holy Spirit—that is, the passion of Christ in us. Being ministers of reconciliation, we preach the message of the passion of Jesus Christ, which reconciles the world with God. We must not become lukewarm in our commitment to God and His works, or become deceived by the alleged stability and comfort that material wealth can provide.

Do our deeds as ministers of Jesus Christ and the works of the churches we pastor manifest the fruit, character, life and ministry of the Holy Spirit who lives in and with us? It is my prayer that we are saturated with the presence of the Holy Spirit, and that our deeds always please God and fulfill the Great Commission.

By: Daniel Prieto, senior pastor of Compañerismo Cristiano (Colorado Springs Foursquare Church) in Colorado Springs, Colo.

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Éste devocional también está disponible en español:

Haciendo sin dejar de Ser

“Yo conozco tus obras”—esta es la expresión con la que el Señor Jesús comienza cada carta que le escribe a cada ‘ángel’ de cada una de las iglesias en Apocalipsis capítulos 2 y 3. Si el Señor hoy escribiera una carta a los pastores y a las iglesias locales empezaría con las mismas palabras, él diría:  “yo conozco tus obras.” Esto significa que “nuestras obras” son importantes para el Dios de la iglesia, porque son “nuestras obras” las que manifiestan nuestro carácter y nuestro compromiso como ministros y como iglesia, y son “nuestras obras” las que completarán la gran comisión de predicar el Evangelio haciendo discípulos en todas las naciones.

Cómo pastor sirvo todos los días bajo la impresión de que Dios está prestando atención a lo que hago, y por consiguiente, yo mismo, vivo y sirvo prestando atención a lo que hago, conociendo lo que él quiere y espera de mi y de mi trabajo, buscando que mis obras sean celebradas y aprobadas por él.

En estos tiempo nos dedicamos a prestar atención a aquellos entre nosotros que tienen éxito en sus ministerios, y queremos que nos digan que hacen para tener los resultados que tienen. Y no está mal. Pero es muy importante que lo que escuchamos y se nos sugiere para la tarea sea puesto en balanza, pesándolo con lo que el Señor Jesús dice.

Empecemos por reconocer que el Señor Jesús celebra que sus ministros y su iglesia hagan la tarea con paciencia, con resistencia, con sufrimiento, con esfuerzo, con fidelidad, con amor, con fe, con un espíritu de servicio, aumentando la cantidad de obras que hacen, aún en medio de las tribulaciones, con pobreza material y con poca fuerza.

Pero también es importante entender que el Señor Jesucristo nos advierte que en medio ‘del hacer’ no debemos perder ‘el ser’, es decir, nuestra verdadera identidad en Dios. Al hacer la tarea de la Gran Comisión debemos siempre manifestar:

  1. El fruto del Espíritu santo, es decir el amor de Dios en nosotros. En el camino de llevar el evangelio hasta lo último de la tierra debemos mantener nuestro primer amor.
  2. El carácter del Espíritu Santo, es decir la santidad de Dios en nosotros. En nuestra tarea de hacer discípulos no debemos ser permisivos con aquellas doctrinas que cultivan un estilo de vida que desagrada a Dios y que va en contra de la vida de santidad.
  3. La vida del Espíritu Santo, es decir la plenitud de Dios en nosotros. Como portadores de la vida abundante y eterna de Dios para el ser humano no debemos ser atrapados por la hipocresía del nominalismo, proyectando una imagen de vida cuando en realidad estamos muertos.
  4. El ministerio del Espíritu Santo, la pasión de Cristo en nosotros. Siendo ministros de reconciliación y predicando el mensaje de la pasión de Jesucristo reconciliando el mundo con Dios, no debemos caer en la tibieza de nuestro compromiso con Dios y con su obra, engañados por la aparente estabilidad y comodidad que las riquezas materiales nos pueden proporcionar.

¿Nuestras obras como ministros de Jesucristo, y las obras de la iglesia que pastoreamos, manifiestan el fruto, el carácter, la vida y el ministerio del Espíritu Santo que está en y con nosotros? Es mi oración que seamos saturados de la presencia del Espíritu Santo, y que nuestras obras siempre agraden a Dios y cumplan la gran comisión.

Por: Daniel Prieto, pastor de Compañerismo Cristiano (Colorado Springs Foursquare Church) en Colorado Springs, Colo.